Conmemoración del Combate de Chorros Blancos sería trasladada a Campamento

“Por primera vez en casi veinte años de celebración del combate de Chorros Blancos, ésta no tendrá lugar en Yarumal sino en la finca San Luis, jurisdicción de Campamento, donde, como he demostrado hasta la saciedad, no ocurrió ninguna acción memorable”, dice Humberto Barrera Orrego.

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Comenzó mal el alcalde de Yarumal, Julio Aníbal Areiza Palacio, con el sector cultural, entre ellos los historiadores, resaltando al licenciado Humberto Barrera Orrego, quien ha comenzado una cruzada de críticas contra el alcalde por su decisión de no conmemorar el Combate de Chorros Blancos, ocurrido el 12 de febrero de 1820, en Yarumal, sino en Campamento, en donde según sostiene la historia y las investigaciones del profesor Barrera y de Orlando Montoya Moreno no ocurrió nada, porque era apenas un paraje conocido como Cañaveral.

Desde 1998 el 12 de febrero se ha conmemorado como una fecha histórica para Yarumal, luego de la decisión del alcalde Gustavo Giraldo Giraldo y del Consejo de Cultura se definir dicha fecha como día cívico.

Desde hace 17 años se ha hecho un acto de conmemoración del 12 de febrero, fecha histórica para la Independencia de Antioquia, para que el alcalde de Yarumal 2016-2019, con apenas 28 días en el cargo, venga a echar para atrás y a destruir una tradición. ¡Es inconcebible!

El profesor Humberto Barrera en carta enviada al alcalde el 27 de enero de 2016 hizo total oposición a dicha propuesta y dejó en claro la ignorancia del alcalde. Ver carta completa:

Señor
JULIO ANÍBAL AREIZA PALACIO 
Alcalde
Municipio de Yarumal

Señor Alcalde:

El combate de Chorros Blancos se ha conmemorado en Yarumal de manera ininterrumpida desde el 12 de febrero de 1998, cuando el Alcalde Gustavo Giraldo y el Consejo Municipal de la Cultura dieron inicio por primera vez a esta celebración. Varias generaciones de yarumaleños han crecido con el legítimo orgullo de saber que su patria chica albergó uno de los sucesos claves de la independencia nacional.

Durante la grabación de un programa sobre Chorros Blancos para Teleantioquia en el año 2000, el periodista Luis Alirio Calle me preguntó: “¿Por qué a mí no me enseñaron en la escuela que José María Córdova había librado en Yarumal el combate de Chorros Blancos contra Warleta, y lo había derrotado?”.

La razón, le dije a Luis Alirio, fue porque en aquella época las nociones que se tenían sobre las circunstancias del combate eran vagas y generales. Por ejemplo, lo más importante que dijo el Padre Javier Piedrahíta en suMonografía de Chorros Blancos, aparte de la transcripción del diario de la División de Antioquia, firmado por Córdova, fue que el primer monumento dedicado al combate lo levantaron las escuelas de Yarumal, Campamento y Angostura en un montículo cerca de la desembocadura de la quebrada de Chorros Blancos en el Nechí, “parece que por confluir allí los tres municipios más que por tener certeza de haber sido ese el lugar preciso del combate” (pág. 78). La primera historiadora que se ocupó seriamente de Chorros Blancos, tema al que le dedicó todo un capítulo de su biografía de José María Córdova, fue Pilar Moreno de Ángel.

Mis estudios sobre el combate de Chorros Blancos comenzaron hace veintiún años, en 1995, cuando El Colombiano publicó un artículo mío, escrito para conmemorar el 175° aniversario del combate. En 1997 visité por primera vez el alto Boquerón, que resultó ser el campo del combate, algo que nadie sabía hasta ese momento, ni siquiera don Alberto Soto Mejía, que fue propietario durante treinta y cinco años de una finca situada entre Yarumal y Campamento. En 1998 descubrí el papel estratégico que tuvo el camino real que unía a estas dos poblaciones y que pasa por el alto Boquerón.

A lo largo de varias publicaciones he dado a conocer mis descubrimientos y conclusiones, desconocidos hasta entonces, entre ellos que Chorros Blancos formaba parte del plan de una segunda reconquista de la Nueva Granada; que Warleta había fraccionado de manera incomprensible sus fuerzas; que nunca hubo un combate de Cañaveral, como se venía repitiendo hasta entonces; que el baquiano que guiaba a los efectivos de Córdova se había extraviado en el monte entre Campamento y Yarumal; que la invasión de Warleta era una consecuencia remota del naufragio de la nave capitana de la primera reconquista, ocurrido en 1815, cerca de la isla venezolana de Coche. Y muchos pormenores más, que nadie había sacado a la luz. Quien afirme lo contrario tendrá que demostrar por qué mis tesis no aparecen en la obra citada de Pilar Moreno de Ángel, ni en ninguna otra obra. La novedad de mis descubrimientos ha sido reconocida, aparte del periodista Luis Alirio Calle, por los miembros de la Academia Antioqueña de Historia don Demetrio Quintero Quintero y Mauricio Restrepo Gil. Éste último afirmó que la historia del combate de Chorros Blancos era una antes de mis trabajos de investigación y otra muy distinta después de los mismos.

No obstante lo anterior, algunas “personalidades” vinculadas con la Academia Antioqueña de Historia se han apropiado descaradamente de mis datos y conclusiones, sin respetar mis derechos de autor porque no dieron el crédito correspondiente, y algunos otros hasta se han atrevido a “asesorar” al artista que pintó el mural de Chorros Blancos en el recinto de la Asamblea Departamental y a periodistas de la prensa y la televisión, proporcionando ex cátedra datos erróneos, con lo cual, la pintura citada y los informes han quedado plagados de disparates históricos, porque aquello que los “asesores” no saben, se lo inventan.

No voy a detallar aquí, porque no viene al caso, la jugada sucia que me hicieron en 2007 un funcionario del Palacio de la Cultura y otro de la Biblioteca Piloto de Medellín, que saquearon mis obras sobre Córdova y “olvidaron” dar el crédito en los carteles de la exposición itinerante dedicada al prócer de Ayacucho, patrocinada por el Ministerio de Cultura y el Museo Nacional, para no compartir conmigo los jugosos emolumentos que recibieron por su “investigación”. Tampoco mencionaré el saqueo desvergonzado que hizo el rector de cierta famosa universidad (digo famosa, no reconocida) el 3 de diciembre de 2014 en el Museo de Antioquia, cuando dijo que el descreimiento que manifiestan las pinturas religiosas de Francisco Antonio Cano es consecuencia de las sesiones espiritistas a que asistió de joven, lo cual es algo que sostuve yo por primera vez en un artículo publicado en 2002. En nuestro medio abundan las historias de plagios, fraudes y atentados contra los derechos de autor, perpetrados por “personalidades” de todas las pelambres.

Nadie ha levantado la voz ni tomado la pluma para refutar mis hallazgos y conclusiones, que aparecen de bulto en el ensayo “Vindicación del combate de Chorros Blancos”, publicado en 2013 por la Academia Antioqueña de Historia en el libro Política, guerra y cultura en la independencia de Antioquia. En lugar de divulgarlos y valorarlos, algunos han procurado desacreditarlos y desvirtuarlos, afirmando en rincones y pasillos que lo que he descubierto ya era de sobra conocido y de dominio público; y como la gente del común lee muy poco, y mucho menos libros de historia, se creen el cuento, no importa que hayan sido funcionarios de alto coturno u ocupado altos cargos gubernamentales. Los saboteadores saben muy bien que mis aportes al combate de Chorros Blancos son la interpretación novedosa y rica de un episodio de la historia nacional, que por primera vez le dio al acontecimiento carácter internacional y que, si la hubiera hecho un colombianista extranjero, recibiría felicitaciones y reconocimientos y aplausos.

Y como tales figurones no han podido encontrar fisuras en mis tesis, resolvieron, para desquitarse, atacar el patrimonio inmaterial de Yarumal. Las historias de Tartufo y Otelo, por citar dos de las más célebres, muestran que hay seres capaces de disfrazar con apariencias filantrópicas y piadosas sus perversas intenciones. Los tartufos locales invocan, para justificar su trapaza, razones de carácter “humanitario”, una “oportunidad” para que los habitantes de Yarumal y Campamento se reconcilien y se den un “abrazo de paz en el posconflicto”. ¿De qué manera? Edificando un parque ecológico en la finca San Luis, donde se levanta, erróneamente, el monumento mal llamado “obelisco”. Con tan altisonantes argumentos pretenden convencer al Alcalde de Yarumal de que entregue la soberanía cultural de la población a cambio de un mísero plato de lentejas (turísticas). Al señor Jorge Iván Durán, Alcalde de Campamento, por haber sido profesor en la Institución Educativa de María, de Yarumal, fue pan comido convencerlo de las “bondades” del proyecto. No es presunción de mala fe: como dice el acertijo popular, “blanco es, gallina lo pone”.

Pero yo me pregunto: ¿desde cuándo Campamento y Yarumal están en pie de guerra? ¿Cuándo se declaró el conflicto entre ambas poblaciones? Lo que ha habido es una polémica infundada, dado que los habitantes de Campamento no cuentan con argumentos sólidos para sustentar sus aspiraciones, salvo el monumento arriba mencionado, que, como lo sugirió en su momento el Padre Javier Piedrahíta Echeverri, se erigió a la topa tolondra, porque en 1920 ya nadie recordaba dónde se había librado el combate.

Si se pusieran en un podio los tres municipios que participaron de manera directa en la campaña que culminó en el alto Boquerón, de acuerdo con los datos que proporciona el diario de la División de Antioquia, firmado por el gobernador José María Córdova en persona, este sería el resultado:

Primer puesto: Yarumal, donde se libró el combate y perdió la vida solo un soldado realista.

Segundo puesto: Angostura, donde pernoctaron las tropas de Córdova y se peleó la acción de Pajarito, con veinticinco bajas del Rey.

Tercer puesto: Campamento, donde no se libró acción alguna pero sí pernoctaron las fuerzas patriotas en la víspera del combate de Chorros Blancos.

Para que no se presuma que tergiverso las fuentes, el citado diario de la División de Antioquia puede consultarse en diversas publicaciones, entre ellas: Gobernadores de Antioquia, de José María Restrepo Sáenz, tomo II, páginas 18-19 (1970). Monografía de Chorros Blancos, del Pbro. Javier Piedrahíta Echeverri, páginas 79 a 81 (1972). Correspondencia y documentos del general José María Córdova, compilados por Pilar Moreno de Ángel, tomo I, páginas 133-134 (1974). 

Considero que, para estrechar los lazos de amistad y convivencia productiva con las poblaciones vecinas, es preciso enriquecer la celebración del combate de Chorros Blancos invitando a delegaciones de Angostura y Campamento, e incluso otras de la región, a fin de que las nuevas generaciones de dichas poblaciones comprendan la importancia que tuvo la gesta de Córdova y sus hombres en la consolidación de la independencia de Colombia. Eso es muy diferente a entregar gratuitamente y de manera abyecta el derecho que a la municipalidad de Yarumal le asiste de reivindicar como propio de su historia y de su patrimonio inmaterial el magno acontecimiento, y en ese orden de ideas, de promover la celebración en su jurisdicción en forma autónoma.

Hace cuatro años intentaron engañar al Alcalde Miguel Ángel Peláez, recién posesionado, con el cuento chino de la necesidad de levantar lejos del alto Boquerón un monumento al combate de Chorros Blancos, dizque para no agraviar a los habitantes de Campamento, pero el Alcalde Peláez no se dejó envolver en la red. Hoy, los embaucadores han vuelto a tender su celada, y al parecer, el actual Alcalde de Yarumal, de buena fe, no me cabe duda, mordió el anzuelo, porque por primera vez en casi veinte años de celebración del combate de Chorros Blancos, ésta no tendrá lugar en Yarumal sino en la finca San Luis, jurisdicción de Campamento, donde, como he demostrado hasta la saciedad, no ocurrió ninguna acción memorable.

Que el Alcalde de Campamento trabaje por los intereses de su municipio me parece apenas lógico. Pero que el Alcalde de Yarumal se prepare a hipotecar la dignidad, el patrimonio inmaterial de los yarumaleños y la verdad histórica en nombre de un supuesto acercamiento entre los pueblos es, sin duda alguna, no solamente inadmisible sino también inconsistente con los principios de la democracia participativa. Rechazo enérgicamente semejante medida en mi nombre y en el de un gran número de yarumaleños. Si se quiere impulsar un proyecto turístico en beneficio de los tres municipios, que se erija en el alto Boquerón. Así no se faltará a la verdad histórica y todo el mundo saldrá beneficiado. Lo demás son falacias y sofismas semejantes a los que orquestó en su momento el señor Rodrigo Jaramillo para justificar la destrucción y el saqueo, contra el parecer de los yarumaleños, del parque patrimonial Epifanio Mejía.

Si usted se obceca en el error, señor Alcalde, pasará a la historia de Yarumal en la ya larga lista negra de figuras de autoridad que abusaron de su poder para acabar con el patrimonio colectivo y la memoria histórica de sus conciudadanos. Lo prudente, lo recomendable, lo acorde con el ordenamiento jurídico colombiano, es que el gobierno municipal haga una consulta popular para conocer la opinión de los yarumaleños.

Con todo respeto, me permito sugerirle que haga caso omiso de cantos de sirenas, invariablemente malintencionados, y que, de acuerdo con La Odisea, siempre acaban en lamentos, naufragios y arrepentimientos.

Atentamente,

HUMBERTO BARRERA ORREGO
Exsecretario General
Academia Antioqueña de Historia
Miembro
Consejo de la Cultura de Yarumal
Con copia:
Dirección de Patrimonio, Grupo de Patrimonio Inmaterial, Ministerio de Cultura.
Instituto Colombiano de Antropología e Historia.
Instituto Departamental de Cultura y Patrimonio.
Medios de comunicación locales y departamentales.

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