CARTA A UN VOTANTE
Apreciado elector primario:
El próximo domingo, 25 de mayo, se
decidirá en las urnas quién será el próximo presidente de la República de
Colombia, que se disputan cinco candidatos, cuyos nombres sabemos de memoria,
sobre todo de dos, quienes durante el último mes aparecen en todas las
emisiones de los noticieros de radio y televisión, prensa escrita y chismes de
pasillo. Y ni qué decir de las redes sociales, donde unos y otros,
simpatizantes de esos candidatos se insultan y casan enemistades.
A vos, ciudadano de a pie, que
depositarás tu voto confiado en cambiar el país, llevado por la esperanza de la
paz o el regreso de la mano dura, te escribo esta carta, aunque sé que te
parecerá una pendejada, porque debes pensar que estoy haciendo lo mismo que
hacen los militantes de los partidos: mendigarte el voto o tratar convencerte
con quién es el mejor de los candidatos. No. Simplemente te digo que pienses en
quién no merece que le rayes la cara y le des el espaldarazo para gobernar el
país.
No sé qué piensas de los escándalos que
protagonizan los candidatos que puntean en las encuestas, que las gana quien
las contrata, y que son hechas por medios y periódicos cercanos a los
candidatos, sin preguntarte a vos y a mí si vamos a votar por uno u otro
candidato. A nosotros no nos preguntan porque no existimos para las
encuestadoras.
No eres más que un votante el día de
elecciones, que portas una cédula con un número que te ubica entre los millones
de votos que obtendrá un candidato, que no te conoce, pero por el que te
apasionamos tanto que terminas por hacerlo parte de tu familia.
A mí, en lo personal, me disgustan todos
los candidatos, pero terminaré votando por alguno. Y tú, que no tienes que
pensar igual que yo, sé que me leerás con rabia y tratarás de convencerme
diciéndome que soy un inconforme porque no admiro a equis o ye candidato que
está rodeado por quien trató de salvar el país o a quien está en proceso de
salvarlo; u otros tres que sueñan con cambiar un modelo político del que han
hecho parte durante décadas, siendo funcionarios públicos o gobernantes, pero
no han pasado de comportarse como los mismos políticos costumbristas. Ahora
quieren partir la historia en dos. No había nada antes de que ellos hicieran
sus propuestas.
Así como el médico y humanista Héctor
Abad Gómez le escribió una Carta al
político, la cual fue recopilada en el libro Cartas de Asia, en el que le daba consejos de cómo no comportarse,
porque viéndose al espejo se descubre qué tan horrendo es, yo te escribo esta
carta para decirte que si te miras en un manantial verás lo puro que es tu alma
y tu cuerpo para ensuciarte con un voto, entregando lo más preciado con que te
ha premiado la democracia a quien no lo merece, si no votas con honestidad.
También se deshonra a la raza humana
premiando la avaricia, la mentira y el engaño, armas usadas desde la antigüedad
por los gobernantes y retratados cruelmente en el libro insigne de la política
moderna: El Príncipe, de Nicolás
Maquiavelo, un escritor que ha sido leído de manera adversa a como se debe
leer. Por eso pensamos que la política debe ser, por naturaleza, mala y
perversa. Sangrienta y burlona.
El 26 de mayo tú y yo amaneceremos con
presidente, sea nuevo o reelegido, o en su defecto, si hay segunda vuelta,
comenzará una lucha sangrienta por ver quién golpea a quién, o le saca las
vísceras y lo deja moribundo en la arena política, al mejor estilo de la
antigua Roma. Dos gladiadores se batirán a muerte por llegar a ocupar el solio
de Bolívar, a quien llamamos El Libertador, mientras nosotros vemos desde el
palco o desde el gallinero, dependiendo de la clase social que ostentemos, cómo
se burlan de nosotros. Nuestro país vive en escena en medio de un teatro de la
tragedia.
Así, apreciado paisano, hermano de
patria, en tus manos y las mías está la decisión de enderezar el rumbo o
desviar el camino. Que Dios, así sea apolítico, te ilumine para a tomar una
buena decisión. Mientras tanto yo buscaré a Diógenes…