Un rebelde conservador: Cecilio Hernán Alzate Casas, primer alcalde de elección popular de Yarumal (1988)

PREÁMBULO

Para la mayoría de ciudadanos el término política, tan desgastado en los últimos años, nos refiere a un personaje que ostenta un cargo de elección popular, que se hace elegir y que dice ser la voluntad del pueblo expresada en las urnas, lo cual, en ocasiones, termina siendo una frustración. Muchos pensamos diferente, así seamos idealistas, que puede haber políticos honestos y correctos. Uno se pregunta con cierta extrañeza si hay políticos que en realidad se salgan del molde con que pareciera fueron vaciados todos. Y podríamos decir que sí.

Yarumal, un municipio conservador de tradición, en donde siempre se ha mezclado la política con el poder eclesiástico, también ha tenido líderes de mente abierta que han entrañado un estilo político salido del esquema tradicional, lo que han demostrado con autonomía en sus decisiones y actuaciones en el momento en que han ocupado un cargo de elección popular, dígase alcalde, concejal o diputado. Don Cecilio, como es llamado por muchos que le debemos respeto, es uno de ellos. Un político que confía en la palabra y da la palabra, con lo cual se ha hecho merecedor de respeto, en un medio y una profesión en donde la palabra como sello de caballeros se ha perdido. Es considerado un caballero de la política.

La tradición política en muy pocas oportunidades ha dado lugar a ser documentada, a no ser por la tarea que realizan investigadores e historiadores, compilando en sus libros anécdotas y biografías, en donde resaltan con un perfil la vida de un político. No ha habido más. Con esta entrevista, en una amena conversación que sostuve con don Cecilio, está reseñada la vida política de Yarumal en las últimas tres décadas, mucho antes de la primera elección de alcaldes populares que se estrenó en 1988, en la cual fue él electo como el primer mandatario que el pueblo tuvo la oportunidad de elegir. Se rompía una tradición de más de un siglo de centralismo político.

La política debe ser concebida como un servicio, lo cual ha hecho don Cecilio durante toda su vida pública, por lo que aunque hay detractores de él como político, son más personas que lo aprecian y recuerdan como un alcalde pulcro, que pensó en el bienestar de sus coterráneos con los proyectos que emprendió y hoy están desaparecidos, como son las Empresas Públicas de Yarumal, con lo cual hubo autonomía en la prestación del servicio de energía, proyecto que años más tarde otro alcalde echaría a la borda, y la construcción y creación de la Fundación Universitaria del Norte Antioqueño (FUNA), en la cual se formaron muchos de los profesionales que hoy laboran en el sector público y privado. Y ni hablar de la construcción del Coliseo Polideportivo del Café, el cual gestionó su construcción con otro yarumaleño, Luis Eduardo Gómez, que dirigía en ese momento la Asociación de Caficultores de Antioquia.

La industria nacional, representada en Setas de Colombia S.A., propiedad del Sindicato Antioquia, hoy Grupo Nutresa, y Tablemac S.A., con origen en el empresariado manizaleño, son el legado dejado por don Cecilio, quien hizo el contacto con empresarios para que esas empresas se asentaran en Yarumal, garantizándoles la exoneración de impuesto de industria y comercio y predial. Él sí pensó en el bienestar que podría representarle esas empresas al municipio.

Por eso, ahora que tengo la oportunidad de presentar esta entrevista, siendo yo un crítico del sistema político, de los partidos y de los gobernantes, no me queda más que decir que “Chilo” encarna el verdadero político, que se debe a sus electores y que ejerce el poder en torno al beneficio de la población. Un conservador con alma liberal. 

ANTESALA

La cita con el Exalcalde, Cecilio Alzate Casas, fue el domingo 19 de febrero de 2012, en el Centro Comercial Oviedo, en Envigado, a donde llegó el político que es recordado en Yarumal por su carisma y vocación de servicio, mucho más que las obras que haya hecho, sin que eso le reste méritos de ser el único que ha logrado ser elegido tres veces alcalde por elección popular, no sin antes haber sido diputado de la Asamblea de Antioquia y concejal. Con un estilo deportivo, propio de un domingo, nos encontramos para hablar de lo que ha sido su experiencia como concejal, diputado en la Asamblea Departamental y alcalde, lo que lo ha convertido en un líder político de reconocimiento entre la gente y que, incluso hoy, genera apoyo entre los ciudadanos, como en las pasadas elecciones del 2011, donde se creía que sería don Cecilio uno de los candidatos a participar en la contienda. Solo fueron rumores, pero alcanzaron a entusiasmar a más de uno, quienes esperaban con expectativa se hiciera real el rumor, así como ha sucedido con sus dos anteriores elecciones (1992 y 2001) en las que poco estuvo presente en campaña, y en las que incluso se inscribió tarde, generando sorpresa entre los políticos que se vieron derrotados por un candidato que hizo campaña tres o cuatro meses, mientras ellos llevaban casi un año. Ese es don Cecilio, un personaje que genera opiniones y apoyos; descontentos y agradecimientos. Así es la política.

Antes de comenzar la entrevista me habla de cómo ve la política actual en Yarumal:

“Yarumal necesita un relevo generacional en la política. Que los jóvenes tomen las riendas de los partidos y marquen el rumbo que necesita el municipio. Es increíble que desde hace más de 30 años no haya un diputado en la Asamblea. El último fui yo. Nosotros como políticos debemos abrirle espacio a quienes tienen las ideas”.

***

Don Cecilio, yo le hago una pregunta: ¿en qué año fue por primera vez concejal de Yarumal?

Yo fui concejal la primera vez en 1974, por el Partido Conservador, por las listas de J. Emilio Valderrama. Nosotros éramos la rebeldía del partido. Después estuve otros seis períodos en el Concejo y fui tres o cuatro veces presidente. Me tocó presentar proyectos tan controvertidos como la creación del corregimiento de El Pueblito, que era un caserío, y había un liderazgo interesante allá de la gente pujante, que quería independizarse de El Cedro y ser corregimiento. Nosotros les ayudamos y mis compañeros en el Concejo me acompañaron en ese proyecto, y hoy es corregimiento viabilizado. Me tocó a mí compartir con unos concejales excelentes, una gente muy buena. No hay sino buenos recuerdos de ellos. Muy honestos. Había en el Concejo personas de todos los estratos sociales y todos trabajamos por Yarumal con toda la entrega y la dedicación. Sin que nos pagaran ni un peso.

Lo que yo te he dicho, Sergio, la gente viene reclamando un espacio en lo público y de liderazgo, y que la gente que ya prestó el servicio se vaya haciendo a un ladito, porque ya vienen otras generaciones con nuevas ideas, con más ganas, más bríos y más preparación; son quienes deben gobernar y poder administrar. Lo que nosotros hicimos debemos contarle a la gente por qué lo hicimos y cómo lo hicimos; inclusive, qué no hicimos y porqué no lo hicimos. Uno, como político, no puede hastiar al electorado, a la gente y hacer pensar: otra vez Cecilio o “Chilo”, como me dicen otros. Yo qué más le pido al pueblo.

Usted fue Alcalde Popular la primera vez en 1988…

1988 a 1990. Y después de 1992 a 1994.

Y luego un tercer período: 2001-2003. Cuál período cree que fue el mejor o, por el contrario, las tres fueron buenas alcaldías.

Yo creo y puedo pensar que la mejor fue la primera, porque es donde se vio el cambio de lo que era depender de un alcalde nombrado por un gobernador, que no conocía la comunidad, a un alcalde que era directamente del pueblo, donde la gente está más cerca de uno. La gente decía: “Chilo está de Alcalde, vamos pa’ allá”. En cambio, antes de la elección popular, la gente se preguntaba cuál será el alcalde, sí me recibirá o con quién hablo para que me deje entrar.

A mí me tocó y tengo varias anécdotas. Los alcaldes de los pueblos, para ir a la gobernación, tenían que empacarse pandequesos y quesitos de donde “La Peluda” para llevarle a las secretarias para que los dejara hablar con el Secretario de Gobierno o con el Subsecretario. Había, pues, casi que pagar la entrada. Entonces una vez fue a Yarumal el Secretario de Gobierno del departamento, en esa época, en la primera alcaldía mía, y estaba por allá tomando traguito o enamorando a las muchachas del pueblo, no recuerdo bien, y le dijo al conductor que me dijera que fuera donde él estaba. Yo le mandé decir que fuera él donde mí, porque él me necesitaba era a mí, es que yo soy independiente y pertenezco es a la comunidad que me eligió. Todavía creían ellos –y tuvimos que romper esa barrera– que nosotros dependíamos de la gobernación. Nosotros dependemos de la comunidad que nos eligió.

Ese cambio del anterior manejo de la política a tener un alcalde popular fue muy duro, porque hasta los conductores de la gobernación lo braveaban a uno allá y teníamos qué firmarles los viáticos. Nosotros no accedíamos a eso, porque se podía prestar para corrupción y uno salir enredado. Los alcaldes nombrados por el gobernador eran prácticamente compañeros de los conductores. Eso fue dramático. A mí me tocó vivir esos tiempos de corrupción como concejal y como funcionario.

Era muy fácil que si un alcalde no servía lo hacían ir… 

¡Claro, le hacíamos oposición! Armábamos la coalición para pelearle al alcalde. A mí me tocó la época en que nos tocaba tumbar la puerta del Concejo. Yo era uno de los que más tumbaba la puerta. 

Esa fue la época en que existieron dos Concejos, en que el uno entraba y sesionaba, cuando no demoraban los concejales de la oposición en tumbar la chapa y sesionar también, ¿cómo fue eso?

Para el alcalde de la época nosotros éramos la oposición. El alcalde hacía la reunión del Concejo sin nosotros, sin los opositores. Nosotros funcionábamos con las mayorías, pero ellos se robaron un suplente de nosotros y con eso hicieron las mayorías de ellos. Cuando eso existía el suplente directo. Ellos hacían los acuerdos con el alcalde con unas mayorías espurias, porque tenían un suplente que no estaba habilitado porque el principal estaba asistiendo con nosotros. El alcalde se prestaba para ese juego. Los oficialistas se reunían a las nueve de la mañana, sin nosotros saberlo, y aprobaban acuerdos que no conocíamos. Luego entrábamos nosotros, tumbábamos la puerta, cambiábamos la chapa… eso fue de policía y ejército en esa época. Nosotros, los de la oposición, terminamos sesionando en el restaurante La Nena. Desde allá elegimos tesorero y personero.

Pero don Toño era muy liberal, porque recuerdo los cuadros de Julio César Turbay Ayala en la sala, además de la concurrencia de líderes liberales influyentes, entonces cómo siendo usted conservador estaba en esa coalición. 

Sí. Pero la coalición donde yo estaba era mixta, éramos tres conservadores y cuatro liberales, de acuerdo a la oposición. Y los de la coalición del alcalde funcionaban seis conservadores y un liberal. Esa era la composición política del Concejo de Yarumal. Recuerdo mucho a José María Posada, abogado, que después fue candidato a la alcaldía, al doctor Luis Alfonso Ramírez, conservador. Recuerdo que elegimos a un hermano medio de Diego Roldán Jaramillo como personero municipal, a Gustavo Roldán, apodado “Jota”, y de tesorero a Víctor Vargas, porque era el concejo quien elegía a quien manejaba las arcas municipales, no el alcalde. Esa pelea jurídica la ganamos nosotros porque el Tribunal Administrativo de Antioquia reconoció que nosotros teníamos las mayorías claras, habilitadas y que teníamos los votos necesarios para elegirlos y que, por decisión e imposibilidad física, porque el alcalde obstruía la legislación del concejo opositor, nosotros habíamos tomado la decisión de sesionar en el restaurante La Nena. Y ganamos en el Tribunal. Esas son cosas que mucha gente en Yarumal desconoce. Esas sesiones eran un sainete todos los días por la situación política que se vivía. Vino hasta ejército de Tarazá a custodiar el Palacio.

Quién era el alcalde de esa época, con quien ustedes tuvieron esos momentos de tensión. 

El alcalde de esa época se llamaba Medardo Taborda, que era el más agresivo, y se ponía como obstáculo para evitar que nosotros entráramos a sesionar. Cuando eso las mesas directivas duraban mediodía, un día. Era permanente la pelea. Eso se vino a acabar cuando el Partido Conservador se fue a la oposición en el gobierno de Barco [Virgilio], siguiendo las instrucciones de Misael Pastrana Borrero [padre de Andrés Pastrana Arango, Presidente de la República 1998-2002], por lo que los partidos se alinearon, unos en la oposición y otros en el gobierno. Posteriormente vino la elección popular de alcaldes. De esa época me acuerdo que yo, como era la indisciplina del partido, era quien tumbaba la puerta del Concejo. Yo representaba la gente que no tenía derecho a ser concejal, porque cuando eso en Yarumal se manejaban élites políticas.

Muy interesante esa historia, aunque me siembra una inquietud: ¿quién lo postuló para que fuera concejal? 

El sector de J. Emilio Valderrama que era también, en el departamento, la indisciplina del Partido Conservador. Éramos rebeldes. No estábamos de acuerdo con la imposición que se vivía internamente. Por eso formamos un directorio, con Rodrigo Peña -quien más tarde sería mi suegro- y Alfonso Ramírez, y creamos una disidencia que se llamó el “Progresismo”. Ahí nació la lista para el Concejo y contamos con el respaldo de J. Emilio. Fuimos la oposición durante todo el tiempo al gobierno conservador que había en Yarumal, que se llamaban “Los Blancos” o “Notables”. Ellos decían que nosotros, siendo la rebeldía conservadora, no merecíamos tener representación política. La primera vez sacamos dos concejales y nos fuimos creciendo, a tal punto, que terminamos con su grupo. Ellos se hacían llamar “Los Notables” porque representaban el ala política de Ignacio Vélez Escobar, Álvaro Villegas Moreno y Luis Emilio Monsalve, quien manejaba el ajedrez político. Ellos, las cabezas más visibles del partido en Antioquia. De ese grupo hizo parte también Jenaro Pérez, gerente de Colanta. Años después se diluyeron esos movimientos, pero era muy clara la división que existía entre las dos facciones conservadoras: “El Notablato” con Mariano Ospina Pérez y J. Emilio Valderrama con Octavio Arizmendy Posada.

[“En ese tiempo andaba fundando la Universidad de La Sabana, en la época de esa campaña (1974), siendo Senador. Yo considero que la obra de Octavio Arizmendy, como yarumaleño, no la conocemos. Es demasiado grande. Lo que hizo él por la educación, el deporte y la Federación de Cafeteros es inimaginable”, agrega entre líneas.] 

[Don Cecilio llevaba siete veces Concejal y dos veces Diputado, en períodos de dos años. Siendo Diputado se aprueba el Acto Legislativo 01 de 1986: “Por el cual se reforma la Constitución Política de Colombia de 1886: Art. 3°. El artículo 201 de la Constitución quedará así: Los alcaldes serán elegidos por voto de los ciudadanos. Parágrafo transitorio: La primera elección de alcaldes tendrá lugar el domingo 2 de marzo de 1988. Presidente de Colombia, Belisario Betancurt; Ministro de Gobierno, Jaime Castro."] 

Cómo fue que usted decidió lanzarse a la alcaldía, siendo algo tan recién aprobado, y más cuando la gente estaba acostumbrada a que le nombraran el gobernante desde Medellín.

Siendo diputado la segunda vez me fui de candidato a la alcaldía de Yarumal, la primera contienda en donde se elegiría el alcalde popular. Yo no sabía ni tenía idea de qué era ser funcionario público.

Lo interrumpo un momento. Años después se postuló a la alcaldía para el período 2001-2003 con el lema: “Somos la esperanza popular para el pueblo de Yarumal”. Usted no sonaba en el sonajero político, porque ya estaban los candidatos postulados por los dos partidos tradicionales. Llega usted, postula su nombre, y en tres meses hace una campaña. ¿Cómo fue eso? ¿Cómo logró que la gente lo volviera a elegir? 

Yo siempre fui así. Todo era de último momento. Yo creo que entre más tiempo se dedique uno a la campaña es más el desgaste, más compromiso, porque es ahí en donde se dan los espacios para que los políticos le mientan a la gente. Claro que tampoco estaba al margen de la campaña, porque había amigos que me mantenían al tanto de cómo trascurría todo, esperando saber si había posibilidades, o sino para no desgastarnos con eso, porque yo no me hubiera metido si no había posibilidad. La gente me llamaba a decir usted es el hombre, lo queremos como alcalde. Esa fue la última vez en que yo dije que participaba en política, siendo candidato. Yo pienso que uno no puede hostigar a la comunidad ni volverse odioso con esos puestos de elección popular. Volver a ver el mismo. Otra vez. Otra vez. El pueblo termina sacándolo a uno, por bueno que sea.

Hablemos de su madre, doña Blanca Casas de Alzate, quien fue muy conocida en Yarumal. 

Mi mamá después de levantar la familia se dedicó a trabajar en los programas sociales, entre ellos la Sociedad San Vicente de Paúl y a la Iglesia, porque era una mujer muy creyente y de principios. Nos dio muy buen ejemplo. Terminó su vida ayudándole a los pobres y cuidando a los enfermos que vivían en las casas de San Vicente. Yo me siento muy orgulloso de ella y de cómo la recuerdan. 

Entonces ella le ayudaba a usted en sus obras sociales siendo alcalde… 

Por ejemplo, muchas veces, sin yo darme cuenta, llamaba a un conductor del municipio para llevar un enfermo al hospital, sin autorización mía, seguro porque se imaginaba que yo no se lo prestaba. Era muy caritativa, por eso hacía la forma de sonsacar a los conductores para que le ayudaran en sus actividades de caridad. Una anécdota con ella era que yo le daba la plata para el mercado, cuando cualquier vez le llevé el mercado desde Medellín, fui a llevárselo a la casa, abrí la nevera y no había nada. ¡Qué es esto mamá! Ella me respondía: si usted me va a regalar el mercado para decirme qué hago con él, no me regale nada… yo lo regalé. Ella les regalaba el mercado a los pobres, vivía en un mundo de caridad. 

Usted qué posición ocupa entre sus hermanos…

Yo tengo dos hermanos mayores que yo, una que vive en Medellín y otro que murió. Nosotros fuimos doce hijos. Mis hermanas son maestras. Somos de una familia humilde, criados con dificultades. Nacimos en la Boca del Monte, mi papá muy conocido de toda la vida en Yarumal. 

Hablemos de cómo está Yarumal, cómo ha cambiado del noventa hacia acá (más de veintitrés años). La política. El desarrollo. ¿Hemos avanzado, seguimos siendo el polo de desarrollo que fuimos?   

Yarumal ha avanzado en la preparación académica de su gente. De 1988 que yo fui alcalde, a hoy, el nivel académico de los estudiantes es muy grande, comparado con lo que yo encontré. El nivel de preparación del magisterio es muy alto y creo que estamos entre los municipios de Antioquia, con educación no certificados, con los maestros más preparados. Yo tuve la fortuna de tener muy buenas relaciones con el magisterio y siempre me acompañaron en mis aspiraciones a la alcaldía. Siempre gané con el apoyo de ellos, pese a que es un gremio muy poco fácil de convencer, muy consciente para votar. Por mi vínculo con el magisterio, al estar mis hermanas ahí, pienso que en el gobierno de Sergio Fajardo se va a hacer un excelente trabajo, porque son ellos quienes forman la sociedad y no les hemos reconocido ese esfuerzo. Lo que sea la sociedad de Yarumal en el futuro es lo que ellos hicieron, porque de ellos depende la formación de jóvenes con principios, tienen ese futuro en sus manos.

La educación es a lo que los gobernantes debemos apuntarle. Miremos no más a cuántos capacitó la FUNA [Fundación Universitaria del Norte Antioqueño], entre ochocientos o más, en convenios con la Universidad de Medellín y otras instituciones de educación superior, que fue una obra que impulsamos en mí gobierno, lo que demuestra que la gente se exige y se prepara. Ahí es donde yo digo que no es perdonable que un alcalde lleve gente de otro lado, habiendo en Yarumal desempleo y gente preparada para ocupar esos cargos públicos que, aunque pocos, deben ser ocupados por profesionales nacidos en su tierra. Hay profesionales de todas las áreas que necesitan el municipio, cumpliendo los perfiles. Si se necesitan médicos hay médicos; si se necesitan ingenieros hay ingenieros. La muestra está en los profesionales que me acompañaron en mi segunda alcaldía [1992-1994: “Yarumal por encima de todo”] y también en la tercera [2000-2003: “Una administración de la mano con el pueblo”] entre los que se cuentan Fabián Rendón (arquitecto), Carlos Guillermo Atehortúa Quiceno [gerente de Empresas Públicas de Yarumal E.S.P. 1992-1994 y alcalde 2008-2011], Gloria Pineda y Juan Carlos González. Yo los buscaba. Me decían: peranito de tal tiene un hijo que es arquitecto de la Universidad Nacional. ¡De la Nacional!, decía yo: ¿dónde está? Leyo González y yo estudiamos juntos, entonces yo conocía a sus hijos, por eso me traje a ese muchacho a trabajar conmigo, así estuviera recién graduado, pero podía aportarle mucho a su pueblo. Yo no preguntaba si era liberal o conservador, solamente me interesaba que fuera bueno y preparado. Eso deja una enseñanza. Ya los alcaldes que me precedieron lo harán, o lo harán parcialmente, cada cual responderá.

En la parte política yo creo que Yarumal es un resultado de la crisis nacional: anarquía total. En el Congreso pasa lo mismo, porque Juan Manuel Santos tiene que hablar con todas las islas que tienen representación; lo mismo pasa en Yarumal, porque la ley de partidos crea los “tutti fruti”, donde hay mucha gente, de tantos lados, que al parecer son diferentes en los directorios y en la manera en cómo piensan, pero al final ve uno que son lo mismo, porque resultan trabajando con el alcalde, porque hay burocracia, olvidándoseles la oposición. Hay que fijar una posición clara sobre algunos temas. Se agachan y se les olvida que representan al pueblo. Es muy malo que los dirigentes se entreguen, esa política es muy clientelista y es lo que ha querido acabar la Constitución nacional a través de reformas, pero no han podido. Yo pienso que quienes hemos sido alcaldes nos ha faltado más ganas y más plata para hacer más cosas por la comunidad, porque Yarumal en oportunidades de empleo es muy limitado.

Yarumal, como fue siempre un municipio importante en el Norte, incluso más importante que otros como Caucasia, porque hagamos el ejercicio de mirar la estadística y estudiemos los resultados de Antioquia cincuenta años atrás, y veremos que es más grande que municipios como Caucasia, Tarazá o Santa Rosa de Osos, y que económicamente y en infraestructura era más desarrollado que ellos. Se nos pasaron. Por muchas razones, entre ellas, el liderazgo político, la afectación de la violencia, por lo que ellos con proyectos mineros y buenos gobernantes, han hecho que Yarumal pierda espacio.

Yarumal, a través de la historia, ha sido un municipio que ofrece servicios. El hospital es el mejor del Norte y el más pequeño, pero era el centro hospitalario a donde iba la gente a hacerse su cirugía o sus tratamientos. Tenemos que retomar el rumbo y ser especialistas en servicios. Tenemos la mejor educación primaria, secundaria, las mejores universidades, las mejores notarías, presencia de la Fiscalía y la Procuraduría… una excelente Secretaría de Tránsito. Uno se pone a comparar hechos recientes: Yarumal lleva treinta años con la Secretaría de Tránsito, primero era inspección y yo la convertí en secretaría, y Santa Rosa lleva por ahí diez años y tiene muchos más carros matriculados que nosotros. Eso es renta. Ese es un impuesto progresivo. ¿Qué ha pasado? No hemos tenido en el tránsito secretarios que tengan las agallas de convocar a las empresas transportadoras y conductores particulares para que matriculen y ayuden a las finanzas municipales.            

Cuando se concientice toda la clase dirigente que necesitamos es crecer los servicios, empezando por un hospital con un segundo nivel en todas las especialidades y pisándole los talones a un tercer nivel, el hospital se vuelve el San Vicente del Norte de Antioquia. Cuánta gente de otros municipios, que sufren de diversas enfermedades, o deben asistir a una cirugía que está programada o es de urgencia, son remitidas a Yarumal, lo que genera economía. Lo mismo que las buenas universidades y colegios, que ofrezcan educación con calidad. Cuando tengamos todo eso funcionando, como debería ser, recuperaremos el rumbo de ser polo de desarrollo. Para eso tenemos muy buenos comerciantes, no tan buenos como antes, pues se ha diversificado la economía, porque éramos una despensa en el Norte y Bajo Cauca, teniendo que venir la gente de Caucasia a comprar el grano, los comestibles, cigarrillos en grandes cantidades. Yo que trabajé en un negocio de abarrotes lo sé, porque me tocó vivirlo diariamente, despachando mercancía para Ituango. En la feria, que se hacía los primeros miércoles de cada mes, los campesinos salían a vender y a comprar, lo que dinamizaba ampliamente la economía. Era impresionante ver las cantidades de mercancía que despachábamos para Angostura, Cáceres, Campamento, Caucasia, Nechí, San Andrés de Cuerquia, Tarazá, Toledo, Valdivia e Ituango, la Calle Caliente era llena camiones cargando mercancía, porque nosotros trabajábamos hasta las tres de la mañana, con excepción del lunes, todos los días de esa semana de feria. Eso se ha acabado mucho porque los comerciantes no son tan ambiciosos, o no hay tantos visionarios como hubo en décadas pasadas, por lo que el desarrollo de esos otros municipios, Caucasia y Santa Rosa, nos ha quitado comerciantes y se han radicado y montado sus negocios allá, porque ese movimiento económico hacía que se generara mucho empleo.

Entonces, ¿piensa usted que eso ha ocasionado que en vez de avanzar retrocedamos, por la falta de liderazgo de los políticos y la visión de empresa, sumado a la falta de potencial de la gente para crear estrategias de reactivación del comercio?

Ha faltado, pienso yo, la unión de la clase dirigente, porque si vemos cuál ha sido el liderazgo político de otros municipios del Norte nos encontramos con que Santa Rosa ha tenido su representante en el Congreso de la República, su diputado en la Asamblea Departamental, lo que se convierte en una forma de atraer recursos para el municipio. Nosotros no lo hemos tenido. Hace treinta años no hay un diputado de Yarumal, yo fui el último. Nadie más se le ha medido, nadie ha contado con un respaldo unánime para ir a representar a Yarumal en la Asamblea Departamental, buscando devolverle ese nombre de capital del Norte de Antioquia. A mí la gente me ayudaba y algo conseguimos, con menos recursos, porque ahora campaña cuesta mucho, mientras nosotros gastábamos muy poco, teniendo en cuenta que también nos sumaban votos de otros municipios. Si en Yarumal nos uniéramos, con el potencial electoral que hay, lograríamos un diputado. Yarumal elige solo un diputado, y casi un representante, buscando votos en otros municipios, pero siempre pensando en Yarumal, no en compromisos personales.

Yo le preguntaba antes de empezar esta entrevista si el éxito de usted haber sido tres veces alcalde radicó en que gobernó con personas que le han aportado mucho a Yarumal, independiente de si era liberal o conservador, o no simpatizaba con ninguno de estos partidos. 

Cuando llegué a la alcaldía en 1988 habían conservadores oficialistas, porque ellos gobernaban hasta ese momento, por lo que yo los dejaba para que trabajaran conmigo. Yo no me apasioné siendo alcalde. No fui perseguidor. Me costaba echar a alguien y sentarme a analizar si éste votó o no por mí, habló bien o mal. Yo le ayudaba a mis amigos en la medida que iba habiendo oportunidad en los puestos. Obviamente nombraba mi gabinete, porque uno tiene que gobernar con gente de su entera confianza, porque obviamente conocen el programa de gobierno y estuvieron presentes en la elaboración. Y una experiencia que aprendí yo de no ser sectario es que funcionaban mejor los que creyeron que se iban que los que llegaban, porque los que no votaron por mí sabían que tenían como el pecado de no haber votado, por lo que trabajaban con mucha lealtad. La política en Yarumal ha sido compleja, porque había personas que me decían: yo voto por usted pero si echa a tal persona. Esas son cosas en la política que uno no se imagina que pasen.

Tengo muchas anécdotas de cuando llegué la primera vez a la alcaldía, entre ellas la manera cómo trata de encubrirse la corrupción en el gobierno, y uno que está lejos de saber que existe eso se queda asombrado. Y como, por ejemplo, algunos dirigentes creen que el alcalde es un mandadero, porque anteriormente el alcalde sí era más un mandadero, lo mandaba el gobernador o lo postulaba un directorio, para que llevara razones y trajera razones y soluciones. Ya no. Y llega un señor que todos los días me llevaba una carta en donde me decía: por qué nombró a este, por qué no a este; por qué echó a tal; por qué nombró ese oficial para reparar tal calle. Yo era ofuscado. ¡Cómo así! Yo guardé las cartas y un día lo llamé a él y lo invité a almorzar y llevó un concejal. Íbamos a empezar a almorzar, ya habían llegado con la bandejita, entonces le dije: vea don tal, yo no he sido alcalde ni sé cómo ser alcalde, pero yo pienso con mi cabeza y trato de hacer lo mejor; si me equivoco con toda la buena fe me equivocaré. Yo sé que usted hizo parte de mi campaña, pero no para que me presione. El señor tal se enojó conmigo, porque quería cogerme cortico. Y no me volvió a hablar y me hizo oposición. Me mandaba a la Procuraduría y a todos los entes de control, porque hay gente que se vuelve así y cree que son ellos los que pueden mandar. La transición para que la gente se acostumbrara del alcalde elegido, al alcalde nombrado, fue muy difícil, porque si el de turno no hacía un favor mandaban una carta diciendo: saque a ese alcalde porque no sirvió, diciendo cosas que pudieran ser o no ciertas, pero así era la política. 

Usted llegó con un Concejo amigo, siendo un gobierno conservador, o ¿estaba dividido?

Yo llegué con un Concejo dividido, pero fue tan rotundo, o más bien tan increíble que yo hubiera ganado, porque yo no creía en ese triunfo, y todos los concejales me respaldaron. La clave estuvo en que yo no me comprometía con puestos ni tampoco subestimaba al Concejo. Yo logré implantar esa manera de gobernar así, con autonomía (…) porque no había islas en la administración ni concejales con puestos propios, o no habría tenido gobernabilidad. En las tres alcaldías haberme sentido derrotado en proyectos, nunca, porque conté con un buenos Concejos.

Pero contésteme algo con sinceridad: se sintió derrotado en el 2001 cuando en la Consulta Popular se le preguntó a la población yarumaleña: ¿Es usted partidario de que la operación del juego de suerte y azar, como las máquinas tragamonedas o pagamonedas, se autorice su funcionamiento en el municipio de Yarumal? Usted perdió, pero fue una decisión responsable preguntarle a la gente si botaba su plata, porque se necesitaban 8907 votos a favor para librar a la sociedad de esa ludopatía.

Es cierto, empezando porque el Concejo no me apoyó, o de pronto uno o dos concejales, ninguno más. Fue rotunda la negativa del Concejo, con el agravante de que no toda la gente alcanzó a participar, pero hubo una mayoría clara de orientación de lo que la gente quería. Esa no puede ser una justificación para decir que el Concejo no me funcionó, porque no es cierto, a todos los concejales los recuerdo con mucha gratitud. Ningún concejal -y lo digo con total tranquilidad-, de mis tres alcaldías, me llegó a proponer deshonestidades ni ninguno se atrevió a imponerme cosas. Ninguno lo hizo. No les di ni contratos y tampoco alguno de ellos puede levantar la mano para decir: yo recibí.

¿Por qué en su segunda alcaldía [1992-1994] renunció y dejó encargado a Luis Alfonso Buriticá, quien terminó el período, al cual le faltaban todavía ocho meses?

Por la inseguridad y porque estaba amenazado. Yo saqué unas licencias esperando se amainaran las aguas, porque estaba muy duro el tema de la seguridad para mí, entonces decidí renunciar, sin dejar de estar pendiente de cómo trascurrían los proyectos que yo dejé iniciados. Me vine para Medellín y luego viajé a Estados Unidos. Lástima que no pude cumplir con todo, porque en esta alcaldía yo quería construir una terminal de transporte. No me alcanzó el tiempo.

Hablemos de la ESE Hospital San Juan de Dios, cómo fue el manejo durante sus dos primeras administraciones. 

El hospital, en los años en que yo fui alcalde, no se manejaba como se maneja hoy, no era una bolsa de empleo de nadie y eso que estaba municipalizado en 1992, porque cuando yo inicié en 1988 todavía era manejado por el departamento. Todo el personal médico, asistencial y administrativo estaba vinculado. No era como ahora que los contratos son por meses y fuera de eso con intermediación de cooperativas. Eso es improvisación, lo que conduce a errores que terminan por acabar con una entidad. El hospital debe manejarse bien, con responsabilidad, porque es un generador de economía para el municipio, anteponiendo a la rentabilidad la vida de la gente.  

Y pasando a otro tema, hablando de empresas descentralizadas, ¿de dónde surgió la idea de crear las Empresas Públicas de Yarumal?

La Constitución de 1991 y la misma ley que creó la elección popular de alcaldes habla de la autonomía de los municipios, autosuficientes y capaces de sobrevivir, por lo que a mí me surgió la idea de que Yarumal debía tener todos los servicios [Energía, Acueducto-Alcantarillado-Aseo (AAA)] y aglutinarlos en una empresa, como lo disponía el gobierno, en cambio hay alcaldes que quieren lo contrario: vamos para adentro con todo. La norma dice que los municipios deben ser autónomos, por lo que un alcalde que venda los servicios públicos va en contra de la autonomía, entrando a depender de otro operador, como es el caso de Empresas Públicas de Medellín. Lo que yo pensé, fue lo que hice: quería que Yarumal tuviera su propia generación de energía, para hacer el paquete completo: autónomo en servicios públicos y retomar lo de la planta de teléfonos. Fuimos en Antioquia tal vez el cuarto municipio, después de Medellín, con empresa de servicios públicos. A mí me ha gustado que Yarumal sea autónomo en todo. Por eso pienso que hay que robustecerse administrativamente en todos los sentidos, sin crear burocracia. A mí me tocó cuando no aparecía la plata de la energía y cada mes nos amenazaba Empresas Públicas de Medellín con cortarnos la energía. Usted se imagina un escándalo de EPM cortándole la energía a Yarumal, porque cada mes se alcanza en dos millones de pesos. Yo preguntaba: cuánto se le debe a EPM, y me respondían que diez facturas, diez meses de energía cuando ellos cortaban con un retraso de tres. Y lo llamaban a uno a cobrarle como si la deuda fuera de uno. La plata no aparecía por ningún lado. Por eso me decidí en que a ellos había que sacarlos de aquí, por eso pensé: montemos una empresa de servicios públicos que sea autosuficiente, tenga buena calidad en la prestación de los servicios y que no haya que subsidiar desde el municipio, porque el municipio tiene una responsabilidad diferente y es el desarrollo social. De eso que hicimos no queda nada, porque se vendió lo que más nos hacía sufrir y ahora nos hace depender de un pulpo como EPM. Lo único que queda es la empresa que maneja la triple AAA, Aguas del Norte Antioqueño.   

De las obras que usted hizo en su primera administración Jaime Montes, alcalde 1990-1992, la continuó, y luego cuando usted ganó de nuevo la alcaldía, en 1992, las terminó. ¿Usted cree que hemos seguido en esa continuidad, respetando una línea que se trazó de planeación, sin tener que llegar a improvisar, sino ciñéndose a unas obras que ya estaban contempladas?

Eso es muy lamentable. Afortunadamente a mí me tocó con Jaime Montes, que fue mi sucesor, y a la vez yo fui sucesor de él, que hicimos un empalme impecable de continuidad en las obras, lo que permitió cierto espaldarazo a que se retomara el rumbo del municipio, porque ha habido otros sucesores que piensan distinto. Tumban una obra de su antecesor, sin inaugurar, e imponen otra obra suya. Eso es un egoísmo que la gente se aguanta, porque no es justo que hayan acabado con la FUNA y con Empresas Públicas de Yarumal. 

Hablando de generación de empleo, usted es el artífice de que Setas Colombianas S.A. se hubiera asentado en Yarumal, cómo fue ese contacto con los inversionistas. 

Cuando voy de Medellín hacia Yarumal y veo esa empresa me siento muy satisfecho de haber hecho algo que le produjera empleo a la gente. Ojalá los alcaldes hagan cumplir ese convenio que hay firmado con esa empresa de emplear gente del municipio. Ahora hay una entrada de más recursos con lo que paga Tablemac, que también se asentó con una exoneración en el pago de impuestos, parecido a lo que yo hice con Setas. Esos son grandes recursos que hoy recauda Yarumal. Cada alcalde debe responder por sus ejecutorias, porque a mí me tocó una época de vacas flacas. El municipio que yo recibí era pobre, porque es bueno mirar las cifras y ver cuánto era el presupuesto, cuánto eran las transferencias del departamento para Yarumal y ver las de ahora. Cuando eso los municipios eran llenos de burocracia. La ley 617 de 2000 acabó con eso. El mismo departamento no tenía cómo transferirles a los municipios porque todo era burocracia, hasta ellos mismos. Ahora es diferente, porque el departamento tiene plata y la nación mucho más, porque tuvieron que haces ajuste fiscal, y los municipios debieron ajustar su nómina. Lo que mandaba el departamento a Yarumal, en 1988, eran $200.000 mil pesos por impuesto de degüello de ganado mayor. Es bueno hacer el estudio de cuánto se pagaba en ese tiempo por industria y comercio, catastro y cuánto más le transfería el departamento.

¿Es importante, para retomar el rumbo, pensar en un relevo generacional dentro de los mismos partidos y que quienes ya terminaron su ciclo le abran paso a los jóvenes, con ideas, profesión y liderazgo? 

Hay que ir acabando con esos largos períodos de la gente que ya estuvimos y que ya prestamos el servicio, porque es suficiente. Hay que darle oportunidad a los nuevos, que están preparados y con ánimos, que quieren a Yarumal como lo queremos nosotros, que tienen ganas de hacer cosas que ayuden al desarrollo. Hay que buscar un entendimiento entre toda la gente, las fuerzas vivas y todos los jóvenes que quieren ser dirigentes, para que se unan en torno a la comunidad.

A qué cree usted que se deba la crisis de liderazgo político, porque en este momento no se vislumbran líderes políticos que puedan tener esa claridad de planear a Yarumal y comenzarlo a ver desde un punto de vista de desarrollo diferente, previendo lo que se viene con el tema de Autopistas de la Prosperidad, por ejemplo, que no van a pasar por el trazado actual de la vía a la costa.

Hay muchos jóvenes con ganas de trabajar, pero esa competencia entre tantos con ansias de poder, impide que haya liderazgo. Uno ve, por ejemplo, tantas listas al Concejo, pero no se tiene claro a qué se aspira. Hay mucha gente más preparada que hace unos años y, en esa misma medida, es la exigencia del desarrollo, porque la gente no traga entero. Lástima que el desempleo haga que muchos líderes se apacigüen y no propongan, no hablen ni digan absolutamente nada, porque les da miedo de hacerle oposición a un alcalde por miedo a perder su empleo, o que no se los dé si se lo prometieron. Es una pérdida de liderazgo y el estómago es implacable. De algo sí estoy convencido y es que lo único que saca a Yarumal adelante es la unión de la gente, donde todos estén jalando para el mismo lado. La muestra está en unas elecciones para Cámara y Senado, donde cada candidato se lleva su bolsita de votos. Entonces con qué fuerza se le puede pedir a un Senador que responda a esa confianza, porque la gente lo eligió a usted y espera a ver usted qué va a hacer por Yarumal.

Entonces, en el tiempo en que el pueblo no elegía a sus gobernantes, sino que eran alcaldes nombrados, los candidatos al Senado y a la Cámara cómo conseguían los votos, porque los alcaldes nombrados por el gobernador no era que duraran mucho tiempo…

Pasaba lo mismo, casi nunca ayudaban. El Partido Liberal estaba dividido en tres o cuatro vertientes: “Federiquismo”, de Federico Estrada Vélez, William Jaramillo, Álvaro Uribe Vélez con el Sector Democrático y Bernardo Guerra Serna con el oficialismo liberal. Y nosotros como conservadores teníamos el “Alvarismo”, el “Progresismo” y “El Notablato”.

Años después surgió el grupo “Coraje”, que nació cuando murió J. Emilio Valderrama y se dividió el “Progresismo”. Los “Corajudos” eran los de Fabio Valencia Cossio, los demás eran de Manuel Ramiro Vélasquez. Nosotros hemos sido de malas para tener la suficiente fuerza política y elegir un Representante.

Siendo un político de tanta credibilidad no faltó, por ejemplo, que tuviera su discusión con periodistas por los proyectos que usted pensaba liderar, cómo fue esa relación con los medios de comunicación.

Los medios de comunicación en ese momento eran El Yarumaleño, dirigido por Hernán Echavarría Tabares y Sueño Norte de Francisco Moná, yo siempre actué conforme a la ley, entregando la información que me requerían.

Yo recuerdo que en mi segunda alcaldía siendo Secretario de Gobierno, Evelio Brand Vergara, me tocó denunciar un hecho en que el ejército asesinó cinco muchachos, uno de ellos de Tarazá, y los hicieron pasar como guerrilleros. Yo lo denuncié con mucha claridad. Eso llevó a que la Fiscalía encontrara a los responsables y la misma Brigada los llevara a Consejo de Guerra, estando involucrados veintitrés militares que fueron condenados a 370 años. Usted se imagina lo que es uno sentarse frente a un Consejo militar a darles dedo: usted Teniente era el comandante de esa compañía. Un asunto delicado y muy grave, inherente a mi cargo, el cual asumimos con total responsabilidad, porque hicimos las denuncias, ayudamos a las investigaciones y los hicimos condenar. Uno ver las madres en la alcaldía: mire alcalde, allá en Ventanas estaba el carro donde los tenían, tal día, y no aparecen. Un mes, dos meses y nada que aparecían. Los encontraron en Enterríos. Yo llamé al Personero de Medellín, que era amigo mío, a ver si los identificaban y precisamente eran los muchachos de Yarumal. Los enterraron con camuflados militares y armas, haciéndolos pasar por insurgentes. Hay cosas que nosotros los alcaldes tenemos que hacer, sin buscar ningún protagonismo con ellas, porque los asesinan.

Una década después de haber terminado su tercera alcaldía, estando al margen de la política, pero pendiente de todo lo que sucede en Yarumal, ¿cree que le faltó tiempo, se le quedaron cosas por hacer…? 

A mí me parece que sí se me quedaron cosas por hacer; pero también nos faltó plata. Definitivamente lo que más necesita Yarumal es fortalecimiento en la parte educativa, porque los esfuerzos que se hacen no son suficientes, porque un niño entra a la escuela desde los cuatro años y sale siendo un adolescente, por lo que pasa la mayor parte del tiempo allá, entre maestros, quienes lo formarán como un ciudadano.

Cerrando esta entrevista le pregunto de nuevo: ¿cree que pueda volver a aspirar a la alcaldía o cree que ya fue suficiente? 

No… ¡Qué más le pide uno a una comunidad! Uno no puede volverse una figura prescindible, ser cansón con esos temas. Si uno no se retira la comunidad lo retira. Si hacemos la cuenta votaron por mí doce veces: siete veces para el Concejo, dos veces a la Asamblea y tres veces para Alcalde. Si yo no hice nada por la comunidad ya no lo voy a hacer. Tengo que agradecerle a la gente de Yarumal que nunca me dejara derrotar y siempre me acompañaron en todas las aspiraciones que tuve. Ahora estoy dedicado a mis negocios, no por eso voy a dejar de opinar ni de preocuparme por Yarumal, y si puedo participar en las reuniones de líderes que programen, por mi experiencia, lo haré. 

Una última pregunta: usted que tiene tanta experiencia política puede decirme, ¿por qué no se ha podido romper el mito de que alcalde no pone alcalde? 

Yo creo que esa es una fortaleza que tiene la comunidad, yo se la atribuyo a eso, porque no escogen el que está cerca al alcalde, sino a otro para que entre y lo esculque y proponga otra forma de gobernar. Eso es algo muy sano, que entre un nuevo alcalde y le esculque hasta las pulgas al que se fue. Que se haga con grandeza, no son odio ni rencillas personales.

Don Cecilio pagó la cuenta y se despidió de mí: nos vemos en Yarumal, amigo Sergio. Después de haberlo escuchado quedé con la sensación de haber estado en una cátedra de historia política, como si él lo hubiera preparado todo o aprendido en un libro de oratoria, lo cual no creo, por la expresividad y la chispa en el temperamento de un hombre que refleja seguridad y rigidez en cada una de sus palabras. Nunca me imaginé que un político sin ningún título universitario, que no es doctor en el país de los doctores, porque no lo necesita, haya llegado a ser alcalde de Yarumal, una dignidad que muchos políticos contemporáneos anhelan, mostrando sus cartones y títulos.

Don Cecilio, hecho a pulso y formado en una tradición conservadora de jóvenes rebeldes, ¡muy inteligentes!, es digno de llamarse: un rebelde conservador. 

Envigado, 19 de febrero de 2012. 

***

Esta entrevista fue publicada con el nombre de Un rebelde conservador: Cecilio Hernán Alzate Casas –Primer Alcalde de Elección Popular-, en mayo de 2013, cuando se cumplieron los veinticinco años de la primera elección de alcaldes populares en Colombia

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