No chatarricen, hagámosle un monumento a los corruptos


Sorpresa. Indignación. Impotencia. No sé cómo más podríamos explicar la reacción que causa el Proyecto de Acuerdo 005 (16 de febrero de 2017), en donde se le pide al Concejo de Yarumal que autorice al alcalde municipal para enajenar a título de venta los bienes muebles mecánicos que hacen parte del parque Rubén Piedrahita Arango y que por su mal estado ya no prestan algún servicio al municipio de Yarumal”. Así o más indignante.

¿El Concejo de Yarumal piensa desaparecer el cuerpo del delito? Las atracciones mecánicas son lo único que queda del parque recreativo Rubén Piedrahita Arango, en donde el exalcalde 2004-2007, Rodrigo Jaramillo Villegas, dilapidó $2.743.000.000 en una obra que hoy no es ni siquiera un elefante blanco, porque no alcanzó a terminarse ni a inaugurarse.

Como lo escribí en una columna de EL ESPECTADOR en agosto de 2014:Yarumal es como Macondo, donde pasa de todo y nadie chista. Los cuentos que se han tejido en torno a la política no son ficción, sino realidad.

El 28 de febrero de 2006, un alcalde liberal, con aprobación de diez concejales que conformaban su coalición, logró la aprobación para vender los activos de energía por un valor simbólico (porque no hubo estudios previos) de $10.025 millones de pesos a Empresas Públicas de Medellín. Pese a la discusión de sectores sociales y de veedores, que veíamos inconveniente dicha venta, se cerró el negocio.

Uno de los concejales de dicha época y que aún continúa en el Concejo es Óscar Antonio Zapata Restrepo, del Partido Liberal, quien dio su voto para vender a EPY y luego avaló la construcción del parque recreativo. Y nunca ha dicho nada. ¿No le dará vergüenza al concejal Zapata ver que él fue cómplice del detrimento más visible de nuestro pueblo?

En enero de 2008, la administración entrante, del ingeniero Carlos Guillermo Atehortúa Quiceno, liquidó el contrato de la construcción del parque recreativo por fallas en los diseños y la desfinanciación del proyecto. La Contraloría General de Antioquia entró a revisar el tema. Mientras tanto, el alcalde, para evitar que se robaran el hierro de las atracciones mecánicas, lo guardó en una bodega. En una acción de salvaguarda del patrimonio público fue ubicado el Batallón Girardot en dichas instalaciones, para cuidar lo que quedaba.

Corría noviembre de 2013 cuando la Contraloría General de Antioquia reabrió la investigación fiscal, por detrimento patrimonial, causado por la construcción del parque recreativo que está en ruinas, en la cual se incluyeron al alcalde que inició la construcción (Jaramillo Villegas) y al que liquidó el contrato (Atehortúa Quiceno). Al final la Contraloría absolvió a los exalcalde y a los contratistas en AUTO del 10 de diciembre de 2013.  


Ahora el alcalde Julio Aníbal Areiza, a quien le correspondió ejecutar el fallo de la Acción Popular promovida por Diego Pérez, tratando de solucionar en algo lo pedido por los jueces, le pide al Concejo le autoricen enajenar los elementos mecánicos u obsoletos. ¿Por qué mejor no le hacen un monumento a la corrupción con esos hierros? Bien cabrían en dicho panteón los prohombres Rodrigo Jaramillo Villegas, Carlos Alfonso Orrego Castro, Sáen Agudelo Márquez, Ramón Hernando Zapata Rodríguez y los demás áulicos de Orrego Castro. Ellos han sido los saqueadores de los recursos públicos de Yarumal. ¿Y los entes de control? Inexistentes. ¿Y los medios de comunicación local? Untados con los contratos que los mantienen callados.

El concejal Óscar Zapata debe declararse impedido para discutir y votar dicho proyecto de acuerdo que busca lavar la corrupción del parque recreativo. Los 12 concejales, 9 de la coalición (contando a Ángel Emilio Graciano) y 3 de la oposición (Vélez, Suárez y Lopera) deberían objetar dicho acuerdo. ¿Saben estos concejales si aún hay investigaciones penales o disciplinarias por la corrupción del parque? No saben. Y así piensan votar dicho acuerdo.


Una vez más pido que no se chatarricen las ruinas del parque, háganle un monumento al exalcalde Jaramillo Villegas.

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