ORDÓÑEZ, DE EMPERADOR A CRUCIFICADO
Jamás pensé que iba a leer esto en los
periódicos: “el Procurador en la cuerda
floja” o “Vaya con Dios”, como lo
publicaron varios medios de prensa en cuanto a la amenaza que se cierne sobre los
hombros de Alejandro Ordóñez, el mismo que fue coronado en febrero de 2013,
cuando reunió en un mismo sitio, una capilla del siglo XVII, a los
representantes de las tres ramas del poder público, quienes asistieron al
matrimonio de su hija. Y por ende a su coronación como el Emperador Ordóñez,
emulando a Napoleón.
¿Y quién puso a temblar el trono del
poder disciplinario? Un hereje. Un abogado de pacotilla. Un tipo que cree que
sabe derecho y de interpretación de las leyes. Rodrigo Uprimmy Yepes, Abogado y
Doctor en Economía Política, más varias especializaciones, columnista de El Espectador, director de la
corporación De justicia y demandante
de la elección de los magistrados Francisco Ricaurte (Consejo Superior de la
Judicatura) y Alberto Ríos (Corte Constitucional), a quienes tumbó hace poco el
Consejo de Estado en una sentencia que sustenta jurídicamente por qué el
Procurador General debe salir del cargo. Su reelección estuvo viciada. Con esos
argumentos, más una dosis de valentía, demandó a Ordóñez, de quien se dice es
admirado por el grupo ‘Tercera Fuerza’, grupo neonazi colombiano.
Uprimmy, desde la barrera, ha puesto a
temblar a la rama judicial, con el apoyo de periodistas pulcros como Ramiro
Bejarano y Cecilia Orozco Tascón.
Desde el mismo momento de la reelección
de Alejandro Ordóñez, a finales del 2012, el jurista Uprimmy, quien conoce el
manejo de las cortes por su experiencia como magistrado auxiliar en la Corte
Constitucional, interpuso la demanda ante el Consejo de Estado para buscar la anulación
de la elección. Él, sin que nadie se lo pidiera, lo hizo como un deber ético
que debe tener todo profesional de las leyes para proteger el Estado social de
derecho.
Y hablando claro, sin tanto rodeo, ¿cuáles
son los argumentos que viciaron la reelección del Procurador? Saltan a la
vista.
El mismo día en que el Senado de la
República ungió a Ordóñez la magistrada del Consejo Superior de la Judicatura,
María Mercedes López, renunció a la terna, a la cual fue postulada por Santos,
por el desequilibrio que se veía a leguas con Ordóñez, quien usó el
clientelismo como jefe de debate. Entonces, viéndolo bien, era una terna de
dos.
Como lo denunció La silla vacía en un artículo (Las
fichas para la reelección del Procurador) en donde estudió de dónde provenían
los nombramientos de los funcionarios de la Procuraduría y qué políticos los
recomendaban. Es así como 31 amigos o familiares de senadores y 22 amigos o
familiares de magistrados de las altas cortes trabajan en la Procuraduría. Y
así, siendo claros, ni los congresistas ni los magistrados de declararon
impedidos para elegir, los unos, y para postular, los otros.
¡Y qué tal esta perla! Los senadores son
investigados por sus faltas disciplinarias por la Procuraduría General, el
mismo que eligen, por lo que debieron haberse declarado impedidos para votar
por Ordóñez. No lo hicieron. Contra el tiempo y en una maratón politiquera
apareció Luis Fernando Duque García, senador liberal, para resolver los
impedimentos de los senadores y hacerlos votar a todos. Los absolvió y los dejó
libres de pecado. ¿Y quién es Duque García? Aquí está: el jefe político de
Rodrigo Mesa Cadavid, el diputado perfumado de Antioquia, conocido por el “bollo del Chocó”. Ordóñez le pagó a
Duque con el cambio de sanción para Mesa: de 10 años de inhabilidad a 6 meses
de suspensión.
El último argumento, aunque es
imperceptible, tiene todo el fundamento: el Procurador no puede ser reelegido,
como no lo pueden hacer ninguno de los jefes de los organismos de control. ¿Y
por qué Ordóñez sí? Ahí jugó la astucia del Opus Dei para iluminar a Alejandro
y que nadie se diera cuenta. En la Constitución no se prohíbe, pero no todo lo
que no esté prohibido puede hacerse, ahí es donde se aplica la analogía
jurídica.
Yo siempre guardé la esperanza de que prosperara
la demandar interpuesta por Rodrigo Uprimmy, pero no me imaginé que iba a tener
tanta receptividad en el Consejo de Estado, aunque después de la restitución de
derechos políticos de Alonso Salazar y el salvavidas a Gustavo Petro sí vimos
cómo se actuó en derecho contra los excesos y arbitrariedades. Esos dos hechos
comenzaron a diluir las columnas del imperio de Ordóñez.
Así las cosas, confiando en la justicia
de los jueces, no la divina, en un mes, mientras se resuelven las recusaciones
contra magistrados y se nombran los conjueces que reemplazarán a los impedidos,
el Consejo de Estado nos dará una lección de rectitud judicial al destronar con
argumentos jurídicos al tridentino Alejandro Ordóñez Maldonado, dejando acéfala
a la Procuraduría mientras se surte el trámite de la elección de alguien idóneo.
De emperador a crucificado. Ojalá sí
caiga. Las mujeres, la comunidad LGBTI y los librepensadores celebraremos con
fiesta.
[Publicada en el portal www.bajolamanga.co el 16 de julio de 2014]