LOS CENTROS DEL CENTRO DE MEDELLÍN

¿Qué sucede en Medellín que todos los noticieros de radio y televisión de la ciudad abren sus emisiones con noticias desafortunadas? Atracos, explosiones y el secreto a voces del control de la tranquilidad y del comercio por parte de los grupos armados ilegales, que se disputan las plazas de micro-tráfico y las ollas en donde se expende alucinógenos, se intercambia por droga lo robado y el jíbaro se esconde de las autoridades.

En el centro de Medellín hay centros de consumo, expendio y delincuencia.

¿Y dónde está Aníbal Gaviria? Recuerdo con cierta gracia el primer año de gobierno del hombre del «hogar para la vida», que se dedicó a ser organizador de eventos internacionales, antes que gobernar. La visita de Madonna a la ciudad fue la excusa perfecta para no hacer el trabajo para el que había sido elegido. Y ni hablar del Foro Urbano Mundial, evento en el que escondieron a los indigentes para que no fueran la cara amable de la ciudad. Aquí no nos interesan los premios por el urbanismo, sino que haya resultados. ¡No más gobiernos cosméticos!

El analista y defensor de derechos humanos, Fernando Quijano, decía hace poco en una entrevista cómo opera la criminalidad en Medellín, en una realidad que pocos comprenden, porque Aníbal y la cúpula de la Policía tienen fijada su mirada en los capos visibles, no en la junta directiva de la estructura criminal. En la mafia actúa el adagio de «a rey muerto, rey puesto». Los señores de traje negro, carro blindado y buena familia son quienes manejan el negocio. Los demás son quienes se bañan en sangre.

«…aquí se están capturando (…) personas que son de nombre. Prestan sus alias porque son poderosos en el bajo mundo del sicariato del Valle de Aburrá. Pero estos hombres no son determinantes en el negocio. Yo puedo confirmarlo y sostenerlo, ‘Sebastián’ tenía que pedir permiso», declaró Quijano a El Colombiano (5/4/2013).

Con solo estar en el Parque de Berrío siente uno zozobra, miedo de los jaladores, que se aglomeran entre los venteros y los curanderos, esperando a que sus víctimas se descuiden. Unas cuadras más arriba, detrás de La Candelaria, los expendedores comienzan a salir para esperar a sus clientes. Hasta niños ve uno comprando basuco a plena luz del día. ¿Y las autoridades? ¡Qué pueden hacer quince bachilleres dotados de un bolillo y que prestan servicio en el CAI del mismo parque!

Mientras tanto Aníbal Gaviria, quien tiene como asesora estrella a la doctora Hillary Clinton, sale a desmentir a las organizaciones de derechos humanos, que sí saben cómo se mueven las mafias subterráneas y quiénes son sus jefes y posibles sucesores. Un día de cero homicidios es una fiesta en la alcaldía. ¿Y qué han hecho para desarticular esas organizaciones?

El centro de Medellín se volvió una cloaca de la criminalidad, controlada por las Convivir, al mando de las organizaciones que manejan el micro-tráfico, extorsionan a los comerciantes y cobran las vacunas. Y si no pagan les tiran un petardo. ¿Serán casos aislados? ¿Si será que cualquier ciudadano carga una granada como si fuera un cortaúñas?

¿Qué hacer con el centro? ¿Cómo recuperar lo atractivo de la ciudad? Aníbal no puede estar en la misma tónica de Santos de darle largas a un problema que necesita intervenciones serias y oportunas. No más burocracia y sí funcionarios competentes.

A Medellín se le están oxidando las flores entre tanta bala. Comienza la feria de las flores y en quince días saldrán a flote los muertos que opacaron las cifras de visitantes, estadísticas de ocupación hotelera y ganancias para el comercio.

¿Esperamos a que pase la primavera? A ver, Aníbal, a trabajar. 

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