LA “PAS” DE SANTOS
Es una lástima tener que dañar la fiesta
de quienes aún celebran, unos tapándose la nariz y otros viendo a ver qué quedó
de la mermelada, el triunfo de Juan Manuel Santos, quien se reeligió, como era
de suponerse, porque se tiene que ser muy mal gobernante para perder una
reelección teniendo todo a su favor: presupuesto, burocracia, aparato estatal,
1103 alcaldes y 32 gobernadores. Todo estaba a favor de Santos.
Y el sueño de la paz se convirtió en la “pas” santista, en un concepto de
marketing, no de realidad política. Por eso el eslogan: “Con PAZ haremos más”, hizo parte del rediseño hecho por el equipo
de consultores internacionales como el español Antonio Sola Reche, una
reinvención de J. J. Rendón, según lo investigó y publicó el portal La silla vacía.
Los consultores políticos asesoran en
campaña, venden una imagen y hacen que los candidatos ganen; pero no gobiernan.
Poco a poco veremos cómo declina Santos.
Desde el mismo día de las elecciones,
después del discurso de Santos, en donde dio la bienvenida a los colombianos al
camino de la paz, me dio por pensar, yo que fui un crítico de la campaña
presidencial, votando en primera vuelta por Enrique Peñalosa y siendo parte de
la abstención en la segunda, que los anuncios de un nuevo gobierno para
terminar el conflicto sufre de graves faltas ortográficas, por lo que desde ese
mismo momento comencé a escribir “pas”.
La paz, escrita correctamente, no alcanza
a tener las condiciones necesarias para parecerse a la que anhela y promete el
reelegido presidente Santos. Es una “pas”
con faltas ortográficas.
Ni tapándome la nariz ni echando en
formol mis escrúpulos hubiera votado por Santos en la segunda vuelta. No puedo
ser cómplice de la inmoralidad de criticarlo y dedicarle más de una decena de
columnas de prensa y luego unirme a la “pas”
que él promulga, de espalda al país, que luego será refrendada con la
aprobación de cada punto negociado por las Farc, el grupo armado que existió
antes del 15 de junio de 2014, porque ya, según Santos, hacen parte de la
historia.
¿Y para cuándo la paz? Después de
dieciocho meses de negociación apenas se ha avanzado en tres de los cinco
puntos, a lo que la respuesta de Santos a esta pregunta, un día después de
haber recibido el supuesto “mandato por la paz”, fue que debe avanzarse con
calma. No hay afán.
La
“pas” de Santos es un híbrido creado por él en medio del fervor político y
los agites de la campaña electoral, con toques cosméticos, hechos por sus
asesores en marketing electoral, que se suma a los anuncios como la posible
eliminación del servicio militar obligatorio y la resurrección de las horas
extras para los trabajadores colombianos, cuyo proyecto está oliendo a ataúd en
el Congreso de la República.
¿Qué fue lo que verdaderamente eligieron
los colombianos el pasado domingo? Un modelo creado por los consultores
políticos que unificaron todos los males en una solución: la “pas”.
Soy un incrédulo de la “pas” de Santos, porque él mismo sabe
que hay muchos riesgos de negociar en medio del fuego cruzado, porque lo que se
llamó Farc, y hoy es un fantasma, ayudaron a engatusar con ceses de
hostilidades disfrazados de gestos de paz para ayudar a la reelección de
Santos. Cese nunca hubo, como lo demuestran la quema de vehículos en la vía
Quibdó-Medellín en la víspera de la segunda vuelta.
Cuando haya un verdadero gesto de
reconciliación, sin una agenda política puesta en escena, antes que la
verdadera discusión de la terminación del conflicto de cara al pueblo, con
participación ciudadana y de parte de las víctimas, confiaré en una paz escrita
con letra despegada y con buena ortografía. Mientras tanto para mí la “pas” de Santos seguirá escrita con ese.
Respeto a quienes se inclinaron por
apoyar a un presidente-candidato que promete un sueño, pero no comparto sus
posiciones políticas, porque no podemos seguir ensayando cómo firmar la paz,
sin tener una bitácora que apunte al rumbo.
Desde el año dos mil, con Andrés
Pastrana, venimos de tumbo en tumbo. ¿Será que Santos nos tumbó?