EL HIPOTECADO GOBIERNO SANTOS

Han transcurrido diez días desde la reelección de Juan Manuel Santos, legitimado por siete millones de colombianos que confiaron en él, en su promesa de la paz, en ver revividas las horas extras para los trabajadores y terminada por fin la cruenta guerra que hemos vivido durante más de un siglo.

Precisamente, leyendo las cinco crónicas publicadas por Alfredo Molano Bravo en El Espectador, en donde relataba con datos y entrevistas cómo nacieron las Farc, pude aclarar muchos conceptos que tenía difusos, como la verdadera intención de Gustavo Rojas Pinilla cuando le propinó el golpe de Estado a Laureano Gómez, razón por la que se azuzó con mayor crudeza la violencia entre la policía chulavita y las guerrillas campesinas. Y mientras combatía a Guadalupe Salcedo saqueaba las arcas nacionales.

Aquí no habrá mayores cambios, porque habrá quiénes reemplacen esa ideología de las Farc, porque el mismo Estado promueve la revolución armada. El caso está en las nacientes bandas criminales. Somos un país en medio de una trinchera.

Aunque eso no es lo importante, porque para Santos el proceso de paz fue una estrategia menor dentro de su campaña. Lo que salió a flote en los últimos días fue cómo Santos ferió su gobierno y volvió la democracia colombiana en una tienda de barrio. Hipotecó los ministerios a los jefes de los partidos y líderes políticos que se aprovecharon de las bases políticas para hacerse contar en la fiesta de la victoria.

César Gaviria Trujillo, expresidente y jefe de debate de Santos en la segunda vuelta, reclama para su hijo el Ministerio de Hacienda, porque Simón no sabrá leer, pero sí contar billetes de cincuenta. Y continúa la lista: David Luna para el ministerio de Trabajo y Juan Fernando Cristo, quien le volteó la votación a Santos en Norte de Santander, para el ministerio de la política y la mermelada para los congresistas: Interior.

Como lo mencionaba Mauricio Vargas en su columna de El Tiempo el pasado domingo: La noche de su reelección, Juan Manuel Santos no habló casi de su nuevo mandato: tuvo que dedicar el discurso a dar las gracias”, (La factura, 22/6/14). Tener que mencionar a los jefes de los partidos, así fuera a ellos solos, como Clara López, y a Antanas Mockus y otros de sus seguidores que hicieron caso omiso de la decisión de Enrique Peñalosa, más el expresidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) Tarsicio Mora, muestra que Santos entró vendiendo el gobierno. ¿Sí tendrá gobernabilidad?

Muchos de los que respaldaron a Santos quedaron inhabilitados moralmente para criticarlo y hacer oposición, porque le firmaron una letra en blanco para que él la haga efectiva cuando firma la paz, mientras entrega en migajas el gobierno, porque también legitimaron el clientelismo. Les habría ido mejor siendo parte de la abstención.

¿Y qué dice la senadora Claudia López, de la Alianza Verde, de los municipios en donde hubo presencia paramilitar y tienen negocios las bandas criminales, en donde ganó Santos? ¿Ahí sí no aplican las estadísticas que ella estructuró con León Valencia y la Corporación Nuevo Arco Iris? Las mismas estructuras criminales que eligieron a Santos en el 2010 lo ayudaron a reelegir, camuflados en la mermelada, la plata pública que se movió en la costa desde los bolsillos de Efraín Cepeda y Roberto Gerlein.

Quienes votaron por Santos también cohonestaron con el delito, porque reeligieron el tráfico de influencias, el clientelismo, el nepotismo y la entrega de mermelada para engrasar la Unidad Nacional, que tiene dos nuevos partidos: Alianza Verde y Polo Democrático. Santos tiene control del Congreso.

¿No le parece a Santos mucho compromiso entregarle medio gobierno a Germán Vargas Lleras, quien se hará llamar el súper-vice-presidente? Él no manejará solamente derechos humanos, sino que también estará en los ministerios de Transportes y Vivienda, donde está la plata, para poder apalancar a sus candidatos en las elecciones regionales del 2015 y crear su propia estructura de campaña para el 2018. Todo un ingenuo en política.

En este gobierno todo está reservado, como en discoteca estrato seis, porque desde antes de las elecciones los puestos tenían nombre y apellido. Ahí está pintado Santos.

… Y si estuviéramos en el 2006, cuando se reeligió Uribe, estaríamos escribiendo muy parecido, porque hubo notarías y puestos, con la diferencia de que el Polo Democrático sí era una verdadera fuerza de oposición. Ahora la oposición es el Centro Democrático, el otro partido de Uribe, que no fue creado con la inicial de su nombre, sino con su pensamiento férreo de seguridad.

Cómo cambian las cosas en ochos años. Y lo que nos espera si prospera la reforma de seis años para el periodo presidencial.

De lado: interesante leer en La silla vacía la agenda de Juan Manuel Santos a partir del 7 de agosto, lo que demuestra que la visita a algunas regiones del país es para abrir el partidor de las elecciones regionales.


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