EL ANZUELO DE LA PAZ


Lo que nos temíamos desde del anuncio de Juan Manuel Santos de aspirar a la reelección, en noviembre de 2013, está sucediendo: Santos está utilizando el espanto del proceso de paz de La Habana, Cuba, para tratar de buscar el apoyo popular y gobernar (¿no ha gobernado?) durante cuatro años más. ¿Y qué sabemos del proceso de paz? ¿Es en realidad lo que se ha filtrado lo que se está negociando o hay dos o tres micos? Nadie lo sabe.

De un momento a otro, en cuestión dos días, los problemas del país se fundieron en uno solo: la paz, un derecho constitucional que durante los últimos treinta años (ahora que las Farc están de cumpleaños y cumplen medio siglo ultrajando al pueblo), pero que ningún presidente de la República ha logrado, porque mientras se negocia se le da largas a la reorganización armada de la guerrilla y a la delincuencia urbana.

Los negociadores de las Farc ven desde una plácida piscina, mientras toman whisky y fuman habano, cómo sus camaradas delinquen, atacan a la población civil, utilizan niños para que lancen granadas de fragmentación (como en Tumaco, Nariño) e intenten lanzar morteros en plenas elecciones (como en Ituango, Ant.), mientras estaban en “cese de hostilidades” por las elecciones presidenciales. Y a pesar de todo esto debemos apoyar la paz. ¿A qué costo?

No es que crean que por negarme a aceptar un proceso de paz como el propuesto por Santos vaya a votar por Óscar Iván Zuluaga, aunque el voto es secreto, pero me parece inconcebible que los partidos de izquierda y centro-izquierda, como el Polo Democrático Alternativo y la Alianza Verde, se dejen arrastrar por la carnada de la paz, a ciegas, sin saber qué le depara al país con la reelección de Santos.

No me imagino una foto de Clara López y Gustavo Petro con Noño Elías y Musa Besaille, los dueños de la mermelada de la U, esos mismos que pasadas las elecciones parlamentarias criticó fuertemente la senadora Claudia López. ¿Y así critican a los uribistas? ¿Vale la pena condenar los principios por entrar, así sea temporalmente, a la Unidad Nacional, ahora llamada la coalición por la paz? Ah, lo olvidada, la política es dinámica, y así como a César Gaviria le ofrecieron el Ministerio de Hacienda para su hijo Simón, no es descartable que a Clara le prometan el apoyo para la Alcaldía de Bogotá.

Si Petro pasó de odiar y promover una constituyente a ser el escudero de Santos, qué no podremos esperar de los demás militantes de la izquierda.

No sé si será real tanta unanimidad por la paz, pero lo que sí está lejos es la obtención de los votos para reelegir a Santos. Hagamos el análisis y mostremos de verdad quiénes tienen los votos y hacia dónde van.

El Partido Conservador, cuya candidata Marta Lucía Ramírez obtuvo cerca de dos millones de votos, no estuvo apoyada por ninguno de los senadores y representantes, porque ellos son incapaces de renunciar a los contratos y ser disciplinados. ¿Para dónde van esos votos? Uno de los bastiones de la campaña azul fue el expresidente Andrés Pastrana, quien está más cerca del uribismo que del santismo. De prosperar el cónclave azul programado para esta semana los congresistas quedarán en libertad de irse para la Unidad Nacional, sin votos, pero arrimados, porque Ramírez no se irá con Santos.

El Polo Democrático Alternativo, que desde el 2006 con la aspiración de Carlos Gaviria no sacaba más de 2 millones de votos, resucitó con la alianza entre Clara López y Aída Avella, sobreviviente de la Unión Patriótica. En ellas dos está la decisión de apoyar el proceso de paz, es decir, la reelección de Santos. De los congresistas radicales Jorge Enrique Robledo no apoyará a Santos, Germán Navas Talero tampoco, siendo Iván Cepeda Castro el único que, pese a traicionar sus principios, prefiere creer en Santos antes que ver cómo avanza el uribismo. No creo que sumen más de quinientos mil votos, porque las bases se rebelarán.

¿Se imaginan ustedes a los maestros, universitarios, sindicalistas, mineros, campesinos, empleados judiciales y sectores sociales de tendencia opuesta al gobierno, apoyando a Juan Manuel Santos por la paz, y después rebelársele en un paro para exigir salarios y condiciones dignas? Con qué cara lo harán. Hasta ahí llega el fervor de la paz.

La Alianza Verde, que tuvo como candidato a Enrique Peñalosa, un experto en derrotas electorales, tiene a dos fugaces políticos en la Unidad Nacional: Alfonso Prada y Lucho Garzón, más algunos funcionarios del Progresismo, movimiento petrista con el que se fusionaron, por lo que es inevitable que no apoyen la paz, máxime cuando la dueña del cartel antiuribista es Claudia López, quien está rodeada de Jonh Sudarsky y Ángela María Robledo. Ah, lo olvidaba, también Antanas Mockus apoya al candidato de la unanimidad por la paz. Mucha coherencia.

Después del balance podríamos decir que Zuluaga recibirá los apoyos de Marta Lucía Ramírez (70%) y Andrés Pastrana, más los votos de base, a los que se suman quienes hacen parte de la desbandada verde que no seguirán a Claudia López, quien apenas aterrizó en la política partidista; por el lado de Santos se muestra interesante el apoyo de los votos verdes (40%) y amarillos (30%), más el nombre de los congresistas conservadores, que figuran pero no ponen votos, y a los que también se suma Ernesto Samper y su Proceso 8000 (narcocassetes, “Monita Retrechera”, elefante).

Al final, se preguntarán ustedes, ¿quién será el presidente? Muy sencillo: quien sea capaz de mostrarle al país una propuesta de negociación seria, donde las Farc paguen cárcel por los crímenes cometidos y luego participen en política. ¿Qué prefiere usted? ¿Perdón y participación política o cárcel y reinserción a la vida civil?
El país debe tomar una decisión firme y clara para no equivocarse de nuevo, porque tendríamos un cargo de conciencia viendo cómo en el Congreso, donde están los “padres de la patria”, crean leyes los hombres que empuñaron las armas, violaron mujeres, masacraron niños y plantaron minas antipersona.

El anzuelo santista para ganar la segunda vuelta no puede ser la paz, porque no sabemos qué hay detrás y cómo se va a aprobar lo negociado.

El soborno no puede ser la paz con concesiones, sino con reglas claras de justicia y sometimiento al sistema judicial, porque como mucho se ha dicho: las dos formas de acabar la guerra es negociando o dándose plomo. Yo prefiero la primera.

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